Al levantar la mirada al cielo se dio cuenta que su vida había cambiado. Miró directamente al sol, ese resplandor quemaba rápidamente sus corneas, aun así no desviaba la vista, ni siquiera parpadeaba. Cuando sus ojos empezaron a lagrimar, bajó la vista al suelo y levemente la levantó a la altura de los rostros que avanzaban rápidamente por la acera. Aquellos rostros desaparecían en una mancha azulada producto de la exposición con los rayos solares. Sólo veía una mancha, nada más. Aquel hombre sonrío levemente, todas las caras se escondían tras aquella mancha —a veces azulada, a veces grisácea—, eran irreconocibles; las personas se volvieron anónimas, como si no existiesen, y él sólo había mirado el sol. Por un momento deseó que todos levantaran la vista al sol y así el también ser un ente anónimo que deambula por las calles de la ciudad. La luz del sol los volvía anónimos, lo que generalmente los hace visibles ahora los escondía tras unas córneas lastimadas. Minutos después todos volvieron a ser los de siempre, personas que caminaban como muertos vivientes sin pensar en sus pasos, movidos por un impulso que ni ellos mismos saben de dónde proviene, se han olvidado de vivir, sólo caminan sin saber por qué lo hacen. Inercia, quizá. Sólo eran muertos vivientes con un rostro que no se escondía tras una vista lastimada. Aun así, para aquel hombre, todos ellos seguían siendo seres anónimos, la diferencia es que esta vez tenían un rostro. Siguió sonriendo, se había dado cuenta que él seguía siendo uno más entre miles. Sonreía porque nadie lo conocía. Estaba ahí, parado justamente en una esquina esperando la luz roja del semáforo para poder cruzar, cargaba un maletín negro de piel sintética. Entre sus dedos ya no estaba el anillo de matrimonio que había tenido puestos desde hacía tres años y medio y jamás se lo había quitado en ese tiempo. Llevaba una gabardina que casi le llegaba a los tobillos, no era tan alto como él siempre imaginó que era. Su nombre real no lo conozco, jamás me lo dijo, por lo tanto lo llamaré Bruno. Bruno estará bien para hablar de él.
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