Su boda, su vida, sus ojos, su pelo, sus uñas; su esposa. Allí estaba Marco, con su traje, saco y pantalón negro, camisa rosada y corbata un poco más, rayada. Bailaba al compás de los pasos previamente ensayados; un, dos, tres, cuatro. Su ahora esposa llevaba un vestido con una cola tan larga que él se esforzaba por no pisarla. Un, dos, tres, cuatro. Vestido blanco, con encajes plateados, rosas bordadas por doquier. Un cuello delgado de piel marmoleada, tan delicado como el de un cisne, traía puesto un delicado collar con pequeños diamantes. Un, dos, tres, cuatro. Elena, su nombre. Elena, Elena, la bella Elena, sonreía bobamente. Mira al vacío; qué vivan los novios, escucha que dicen mientras baila, deja de sonreír, se acaba de dar cuenta: se ha casado. Uno, dos, tres. Uno, dos, tres. Marco mira discretamente a su alrededor. Todos hablan, todos miran, todos se ríen. No sabe qué pasa realmente, se asusta, se marea; tiembla. Hay mucho eco. Las palabras de los invitados giran a su alrededor en un fuerte torbellino que casi los desprende del suelo. Uno, dos, tres. Elena, Elena, la bella Elena pisa de vez en cuando su vestido con sus pasos cada vez más torpes. Ella empieza a temblar también. Uno, dos.
Las mesas tienen una vela encendida en medio de un arreglo floral, las llamas bailan con el mismo arrítmico movimiento de Marco y Elena. Uno, dos. Las voces siguen girando alrededor de los novios, más bien alrededor de Marco. El eco resuena dentro de su cabeza. Que se callen de una maldita vez, piensa, que se callen. Trata de sonreír. Elena ya no lo hace. Al acercarse a una de las mesas, Elena sutilmente toma una de las velas. Se miran a los ojos sin mirarse. Ya no hay música que acompañe sus pasos tontos, más bien ellos ya no las escuchan. Hay muchas voces especulando, Elena no las escucha, Marco sí. Uno. Uno. Elena tira gotas de cera sobre las manos de Marco, él no se inmuta, no siente o finge no sentirlo, sigue mirándola a los ojos sin mirarlos realmente; subconscientemente no se ha dado cuenta que los mira. Dejan de bailar, la música sigue aunque ellos no la escuchen. Se sueltan las manos, Marco quita su brazo de la cadera de ella. Elena, Elena, la bella Elena camina al centro del salón, la gente habla y ella no escucha, en cambio Marco sí lo hace, para él gritaban. Esas voces gritan y ríen y siguen girando como torbellino a su alrededor. Elena mira la vela, vuelve a sonreír. Se sienta inocentemente en el piso, acomoda su vestido para que se vea hermoso, y en verdad se veía hermoso, en verdad lo era. Inclina la cabeza en señal de reverencia y deja caer la vela sobre su vestido. La gente grita, ella no escucha nada, sigue sonriendo. No siente el calor, no siente el ardor entre sus piernas; sonríe. Tratan de auxiliarla pero ya está envuelta en llamas, el velo cubre su cabeza y la hace arder. Marco mira, claro, sin mirar. Su boda, su vida, sus ojos, su pelo, sus uñas; su esposa.
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